Nunca digas Amén

Amén es una palabra fuerte. Una promesa firme. Cristo mismo es considerado el Amén de Dios.
Dicha en nuestros labios puede adquirir varias facetas, es decir sí a las promesas divinas, es aclamar a Dios cuando estamos en un servicio, es afirmar una palabra que estamos recibiendo, y es el fin de nuestra oración…
Nunca digas amén es una invitación a una comunión más profunda con Dios, a vivir cada instante del día a su lado, es tomar los ejemplos bíblicos y decir como el profeta Elías: ¡Vive Jehová, en cuya presencia estoy!

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